jueves, 17 de septiembre de 2009

A los maestros, que son capaces de cuidar los sueños

Por Angela Pradelli (escritora y docente, Premio Clarín de novela)
Clarín, 15 de septiembre de 2009

En aquella escuela nocturna, todos los días, a las 9 de la noche, el alumno del primer banco de la fila de la pared apoyaba la cabeza sobre la tabla de madera y al instante se quedaba dormido. Era un curso de 1° año de una escuela de Lomas de Zamora. A principio de año el director nos había advertido que sería un curso difícil: el grupo estaba formado en su mayoría por alumnos que habían sido expulsados de otros colegios y estudiantes que habían repetido dos y tres veces.

Recuerdo que recién habían transcurrido las primeras semanas cuando una noche dos estudiantes se pelearon a la salida de clases y uno de ellos terminó internado por los golpes. Al otro día el estudiante concurrió a clase como si nada, pero antes de terminar la hora de literatura sacó una sevillana para arreglar sus cuentas pendientes. Ese era el clima de los primeros días, pero la verdad es que, después de las primeras semanas, fuimos encontrando entre todos, alumnos y profesores, un camino que si bien nunca nos libró de sobresaltos, lo cierto es que pronto aparecieron otros signos que indicaban que por esa ruta podíamos transitar también las esperanzas.

Con el tiempo supimos los docentes que el alumno que se sentaba primero en la fila de la pared y se quedaba dormido a las 9 de la noche trabaja en un hospital de Buenos Aires limpiando pisos durante todo el día. El chico vivía en Guernica, entraba a las 5 de la mañana a su trabajo y salía del hospital con el tiempo justo para tomar el tren en Constitución y llegar a Lomas para terminar la secundaria en el turno de la noche que terminaba a las 22 hs. El alumno estaba rendido y cualquiera podía comprender tanto esa situación que, algunos docentes, cuando advertíamos que el estudiante se había dormido, bajábamos la voz para que pudiera descansar aunque fuera sobre esa tabla de madera dura.

Así las cosas, durante el resto de la hora evitábamos los ruidos que pudieran despertarlo y la clase se desarrollaba a media voz en cualquiera de las actividades: lecturas, análisis de textos, corrección de ejercicios. Ese año, el 11 de septiembre, cuando los profesores entramos al aula, encontramos una frase escrita con letra grande en el pizarrón: "Maestros, gracias por cuidarme los sueños". Aquel alumno, sin quererlo, había enunciado de la mejor manera uno de las funciones más trascendentes del trabajo de un docente.

Cuando se reflexiona sobre la figura de los maestros y la importancia de su rol en el desarrollo de las sociedades suelen instalarse algunas preguntas que parecieran venir a buscar más bien respuestas que abrevan su mirada en unas u otras teorías pedagógicas y corrientes didácticas.

Pero ¿qué hace que algunas mujeres y algunos hombres sean reconocidos como maestros más allá de sus títulos habilitantes? ¿Cuál es el lazo que une a un maestro con su discípulo en una tensión que no carece de conflictivo? En Zen en el arte del tiro con arco, Eugen Herrigel afirma que un verdadero maestro "no necesita, como el pintor, de lienzo, pinceles ni colores. No necesita, como el arquero, de arco, flecha ni blanco, ni de otros recursos. Se sirve de sus miembros, de su cuerpo, cabeza y órganos. Su vida en el Zen se expresa por medio de todos esos instrumentos importantes como manifestaciones suyas. Sus manos y pies son los pinceles. Y todo el universo es el lienzo sobre el cual pintará su vida durante setenta, ochenta y hasta noventa años". El cuadro así pintado se llama "historia".

Pero la vida de un maestro depende de la existencia de sus discípulos. Es el vínculo con su discípulo lo que hace posible que la figura de un maestro resplandezca e ilumine a su vez la oscuridad de ciertos momentos de la historia social y también personal y es esa relación de enfrentamiento lo que permite que entre el maestro y los alumnos se concreten la enseñanza y los aprendizajes.

La conexión entre maestros y discípulos se construye a partir de los diálogos y es la conversación entre unos y otros el espacio en el que se plasma uno de los misterios más ricos de ese vínculo: la transmisión. Lejos de leerse como una frustración, resulta conmovedor que los especialistas no hayan podido aún terminar de explicar el enigma de esa entrega y los fuertes lazos que se da muchas veces entre docentes y alumnos.

Se observa en los buenos maestros: hay algo del orden de lo sagrado que respira en ese diálogo donde se concreta la transmisión. Por eso cabe que suenen hoy acá las palabras de Isidoro Blainstein. Es que "El tigre no teoriza sobre su tigritud -afirmó el autor-, el tigre salta". Aun cuando un maestro respete un programa de contenidos, lo que él tiene para transmitir a sus alumnos rebalsa los bordes de los diseños curriculares y corre por otros cauces.

Esa será la razón por la que los grandes maestros, aun en el marco de programas perimidos y contenidos cuestionados, siempre nos seduzcan con sus clases. El magisterio, aun en la imposibilidad de su explicación total, o quizá justamente por eso, instala en la conciencia de quienes lo ejercen la certeza de tener un futuro por delante.

George Steiner dice que un maestro es "sencillamente, alguien que goza de un aura casi física y en quien resulta casi tangible la pasión que desprende".

Celebremos por estas horas la vida de nuestras maestras y maestros, en suma, gente esencial en la vida de cada uno de nosotros porque, como bien observó aquel estudiante de la escuela nocturna, fueron capaces de permitirnos siempre los sueños.

http://www.clarin.com/diario/2009/09/15/opinion/o-01998957.htm

martes, 15 de septiembre de 2009

Recomendados de septiembre

Rosnay, Tatiana de. La llave de Sarah

París, julio de 1942. Las autoridades arrestan a 13.000 judíos ante la mirada de los parisinos, que guardan silencio por miedo, indiferencia o simple interés, pues esperan ocupar las viviendas vacías. El pequeño Michel se oculta en un armario para huir de la redada. Su hermana Sarah cierra la puerta para protegerlo y se guarda la llave, pensando que va a regresar en unas horas…

Weisberger, Lauren. El diablo viste a la moda.

Una novela hilarante que da un nuevo sentido a esas quejas que a veces circulan sobre un “jefe que es el diablo en persona”. Narrada por la voz fresca, joven, inteligente y rebelde de la protagonista, el libro nos descubre el lado profundo, oscuro y diabólico de la vida en las oficinas de ese gran imperio que es el mundo de la moda.

Bixio, Cecilia. ¿Chicos aburridos?
El libro trabaja sobre dos hipótesis: la primera sostiene que se ha diluido el interés por aprender dado que han caído las representaciones sociales acerca de la escuela y los procesos de enseñanza y aprendizaje. La segunda, que se ha diluido el interés por aprender dado que las propuestas de las actividades escolares son poco significativas desde el punto de vista lógico, psicológico y social.

Delinsky, Bárbara. La promesa de un sueño.

Para Casey, esa hermosa casa es una herencia tan inesperada como conmovedora. El gesto tardío con el cual su padre, un famoso psicólogo, quiso reconocerla finalmente como hija suya. Al encanto de la casa pronto se suma el hallazgo, entre los papeles de su padre, de las primeras páginas de un intrigante manuscrito ¿se trata de una novela? ¿es el diario de una de sus pacientes? Casey esta convencida de que describe un caso trágico, real, y que por algún motivo su padre quiso que cayera en sus manos. Una historia que invita a reconciliarse con el pasado y a despertar a las promesas del futuro.

Serrano, Marcela. La llorona.

La leyenda cuenta que la Llorona es la madre que deambula por los caminos llamando a los hijos que ha asesinado. Conocemos a la protagonista de esta novela por su llanto invisible, el de una madre que ha perdido a su hija a los pocos días de nacer. ¿En qué la convierte el destino: en asesina o en salvadora? ¿Qué ocurrió realmente en ese hospital con su pequeña? Unida a otras mujeres en su misma situación, buscará las respuestas, conseguirá alzar su voz y rebelarse contra la adversidad.

O`Donnell, Pacho. Las patrias lejanas

En esta obra el autor recrea las relaciones entre los habitantes de la Argentina y los de la lejana madre patria durante los años crueles de la Guerra Civil española (1936-1939) y de los del exilio a que muchos fueron condenados. Su talento para la pesquisa histórica le permite revelarnos episodios olvidados o insospechados por las crónicas corrientes. Los acontecimientos extraídos de periódicos, memorias y epistolarios de quienes buscaron asilo en el Río de la Plata son absolutamente ciertos y dan una dimensión inusitada a la intriga central protagonizada por el joven Rodrigo…

Forsyth, Frederick. El negociador
El hijo único del presidente de Estados Unidos ha sido secuestrado. El FBI, la CIA y Scotland Yard intervienen con todos sus medios para descubrir a los secuestradores, pero es Quinn, el negociador, quien logra ponerse en contacto con ellos y cerrar un trato. Sin embargo, fracasa trágicamente y se desencadena una persecución encarnizada en pos de atrapar a los culpables.

King, Stephen. Mientras escribo.
Pocas veces un libro sobre el oficio de escribir ha resultado tan clarificador, útil y revelador. Mientras escribo empieza el relato de la asombrosa infancia del autor y su extraño y temprano interés por la escritura. Una serie de vívidos recuerdos de la adolescencia, de la universidad y de los años de lucha que lo llevaron a la culminación de su primer novela…A continuación se describe las herramientas básicas del oficio y expone sus opiniones personales sobre el secreto de la escritura

martes, 1 de septiembre de 2009

Antologías

Las antologías permiten la diversidad; nos dan la oportunidad de acercarnos a diferentes autores en un mismo libro.

En general, las antologías son de cuento, poesía, o crónica breve, por una cuestión de extensión natural de cada género.

Muchas de ellas surgen a partir de concursos literarios; otras, son emprendimientos personales; la mayoría, propuestas de las mismas editoriales.

Y siempre hay un hilo conductor en las antologías:

Por género (misterio, policial, fantástico, humor, futbolero, etc). Temáticos (literatura femenina, el futuro, las ciudad, una infinita cantidad de posibilidades). Generacional (para los jóvenes, las antologías son toda una oportunidad para sus primeras publicaciones; esta es una tendencia muy marcada actualmente). U homenajes (a países o regiones, autores, corrientes literarias, etc).

Por la cual, la antología, que no identifica a un autor en particular, permite mostrarse a muchos. Y ver a través de la diversidad.

martes, 11 de agosto de 2009

jueves, 6 de agosto de 2009

Recomendados de agosto


Milan Kundera. El libro de la risa y el olvido.

En El libro de la risa y el olvido Kundera muestra una historia de exilio que contiene dos verdades: la experiencia trágica de Praga y la vida en el mundo occidental. Desde una escéptica perspectiva, el autor persigue en sus obras un mismo proyecto estético: la unión de los imposibles –lo más serio y lo más frívolo, lo más real y lo más lúdico-. En este libro esa meta se alcanza plenamente.

Orhan Pamuk. El libro negro.

Una novela policíaca tan espectacular como poco convencional, donde la investigación se centra en la identidad y la escritura. Con esta obra, que en Turquía se convirtió a la vez en lectura de culto y de masas, Orhan Pamuk se consagró como uno de los maestros actuales de la literatura mundial.

Anne Holt. Crepúsculo en Oslo.
En la ciudad de Oslo, una conocida presentadora de televisión aparece asesinada en su domicilio. Todo apunta a un asesino serial de gusto perverso que se deleita escenificando sus crímenes. La autora elabora una inteligente trama que conjuga su singularidad con las mejores pautas del género policial, con un ritmo trepidante, con giros inesperados e incógnitas que fuerzan la pericia de los personajes del libro y de sus lectores.

Pablo De Santis. El enigma de París

Paría, 1889. Los Doce Detectives, los investigadores más famosos del mundo, se reúnen con motivo de la Exposición Universal. El selecto club tiene la misión de revelar al público sus casos más célebres, la filosofía de cada investigación y su concepción del crimen. La extraña muerte de uno de los Doce, despeñado misteriosamente desde una torre Eiffel en construcción, dará un giro a la reunión y los obligará a afinar sus habilidades para tratar de resolver lo que parece, a priori, la actuación de un asesino en serie…

Bárbara Delinsky. El regreso a Middle River

Para el visitante ocasional Middle River es un lugar idílico. El clásico pueblo de Nueva Inglaterra donde todos se conocen y solo se respira paz y sosiego. En apariencia…
Tras años de ausencia, Annie Barnes regresa a Middle River convertida en una novelista de éxito, y no es bien recibida, Tanto sus hermanas como sus antiguos vecinos temen que venga a hurgar en sus pequeños vicios y pecados, sus vidas borrascosas, para escribir su próximo libro…

Juan Sasturain. Arena en los zapatos
Novela ejemplar en la que Etchenike advierte algunos de los beneficios del caos o, para decirlo con moderación, del desorden, es una novela asombrosa. Publicada por primera vez a fines de los ochenta, la obra ha adquirido un nuevo sabor, mejorado con los años, como un buen vino. A su genial y demorada intriga, a su ritmo exacto, debe agragársele la perspectiva y el tamaño que el personaje de Sasturain tomó: leyenda invulnerable, genio y figura de un argentino de bien obligado generalmente a mantenerse al margen de la ley.

Pablo Ramos. El origen de la tristeza

Gabriel está dejando de ser niño. Crece en su barrio, El Viaducto, entre villa Mariel, las vías del Roca y el arroyo Sarandí. Gabriel tiene un amigo grande que duerme en el cementerio. Aprende mucho de él y de las tumbas. En el barrio de Gabriel, el agua podrida del Sarandí se incendia. Juega con una barra de pibes, aunque jugar, cuando se vive en El Viaducto, también es jugar con la muerte.

martes, 21 de julio de 2009

Al rescate de los jóvenes lectores perdidos

Alrededor de los 9 años, los niños abandonan la lectura y se consagran a Internet. Los especialistas analizan las causas y sugieren estrategias para devolverles el placer por los libros

Por Graciela Melgarejo
De la Redacción de LA NACION


Qué raro. Justo cuando la vida empieza a ponerse más interesante -más confusa y más ambigua, también-, cuando ya se domina más o menos con facilidad el código común (y la lectoescritura, con perdón de la palabra), es el momento elegido para que se produzca una fuga en masa de lectores. Los mismos chicos que habían disfrutado prácticamente desde la cuna de todo tipo de estímulos en forma de libro (de trapo o de plástico para el momento del baño; de cartón para soportar el "tránsito pesado"; con stickers o con elementos aptos para mayores de 3 años y, por fin, de papel y con grandes ilustraciones coloridas) se descorazonan, se aburren o, peor aún, se avergüenzan de leer más de un libro o dos por año, y temen las burlas de sus pares.

Paradoja de paradojas, hoy que el conocimiento se privilegia como casi la única vía de acceso al mundo "tecnologizado" del futuro (que ya es hoy), los "cabecillas" juveniles abominan de él y lo desprecian. Es entonces cuando expertos en educación y protagonistas del circuito literario se enzarzan en discusiones no siempre fructíferas acerca de las dificultades en la comprensión de textos por parte de los chicos de más de 8, 9 o 10 años en adelante, de las nuevas habilidades que traen el uso de Internet y las redes sociales y, por fin, del desafío de saber aprovecharlas.

¿Dónde empieza verdaderamente el Triángulo de las Bermudas de los jóvenes lectores? ¿Es la imagen todopoderosa la culpable de que pierdan de vista la gramática, que por contraste resulta poco "placentera"?, ¿o son los ejercicios de los maestros y profesores sobre textos literarios (por ejemplo, analizar en el texto cuáles son las funciones del adjetivo o algo parecido) los que hacen que los jóvenes ya no disfruten de la lectura?

Como siempre, las razones y las respuestas son muchas y variadas, de acuerdo con quién sea el consultado.

El psicoanalista, docente y escritor Eduardo González (autor del libro de relatos Cementerio clandestino y de las novelas El fantasma de Gardel ataca el Abasto, El secreto de Leonardo Da Vinci, La maldición de Moctezuma; coautor con Osvaldo Aguirre de la divertida Graffiti Ninja, y distinguido, entre otros galardones, con el Primer Premio del Concurso de Relatos Policiales "Indio Martín" de Cuba, en 2004) opina que el fenómeno es muy amplio y uno de los principales motivos es "el retiro del cuidado de los adultos hacia los chicos". La oferta intelectual está atrasada un siglo, para González, y los adultos, que han creado la cultura de consumo, critican a los jóvenes por ser consumidores:

Hoy la adolescencia comienza antes y termina mucho después, y como el marketing les da importancia a los adolescentes sólo como consumidores, la oferta que se les hace es paupérrima: emborracharse y bailar. Decir que se lee es hablar de un vínculo estable, y todo lo que implique estabilidad está hoy cuestionado. Los adultos de más de 40 años no quieren vínculos adultos y los adolescentes también se avergüenzan de tener una pareja estable, por lo cual se establece una relación perversa entre lo efímero, la soledad y el consumo. Pero siempre quedan los grupos atrincherados entre sus pares; por ejemplo, los lectores fanáticos de Tolkien.

Por supuesto, también hay voces optimistas, como la de un editor de raza, que no tiene miedo a publicar lo que le gusta: Daniel Divinsky, que sacó el año pasado en Ediciones de la Flor El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, con las ilustraciones del gran Crist, muy recomendable para lectores de 18 años en adelante, y cuya edición de Los libros de Alicia, de Lewis Carroll (con traducción anotada de Eduardo Stillman y prólogo de Jorge Luis Borges), ya va por la quinta reimpresión.

Yo creo que si estamos en la cultura de la imagen, la captación de lectores jóvenes debe darse por la historieta y la novela gráfica, aunque las colecciones de antes, con Salgari y Julio Verne, se siguen vendiendo. Y también está la lectura en pantalla, de la cual no hay cifras porque es muy difícil de mensurar. Además, hace diez años era difícil que un autor que no hubiera aparecido en un diario o en una revista fuese más o menos conocido; en cambio, hoy, un autor (como Liniers) es conocido por su blog y por su página Web. Y no deberíamos dejar a un lado la influencia de lo que me gusta llamar la lectura clandestina, es decir, la que se recomienda sin querer desde alguna telenovela, como ocurrió alguna vez en Rolando Rivas taxista, cuando su autor, Alberto Migré, hacía agotar ediciones sólo por haber nombrado alguna obra en particular

También está en esa tesitura Carlos Silveyra, presidente de la Asociación del Libro Infantil y Juvenil de la Argentina (Alija). Maestro, profesor en ciencias de la educación y un experto de larguísima trayectoria como escritor, editor y asesor de literatura para chicos y adolescentes, está convencido de que es alrededor del 4to. grado de la escuela primaria cuando se "blanquea" el tema de la lectura:

Históricamente es la gran edad para leer, porque a los 10 años ya hay mayor autonomía. El problema es que no está suficientemente bien instalada la necesidad de ofrecer cosas interesantes a cada chico, como un sujeto diferente, y se cae en el criterio de separar por banda etaria. Sin embargo, las viejas colecciones de los años 40 a los 60 (Sopena, Billiken, Robin Hood), si bien eran monolíticas (siempre la misma forma de presentación), abrían senderos invisibles: a los varones, las aventuras de Sandokán, Tarzán, Bomba; a las mujeres, los libros de Louise May Alcott, Pollyanna, etcétera. Ahora el marketing atenta contra la diversidad: se piensa en un lector homogéneo, que lee lo mismo que otro. Pero incluso Harry Potter, cuando se editó por primera vez en una editorial chica, no les fue impuesto a sus lectores, porque ahí hubo una decisión individual y una recomendación de boca en boca, que produjo el boom y el best seller posterior. Y para los que se quejan de las cualidades literarias de J. K. Rowling, hay que aclarar que nuestro amado Emilio Salgari, escritor de folletines, tampoco usaba un italiano literariamente muy correcto que digamos.

Sorpresa. Sorpresa

Si Divinsky habla de la "recomendación clandestina", Ana María Cabanellas, editora y ex presidenta de la Unión Internacional de Editores, prefiere llamarla "bibliografía ingenua", como la que, sin querer también, se recomienda en Crepúsculo y los otros tres tomos de la serie de la estadounidense Stephenie Meyer. El fenómeno mereció recientemente una simpatiquísima columna de Juana Libedinsky en la sección Cultura de este diario, "Un efecto impensado de los vampiros", sobre las nuevas ediciones de Cumbres borrascosas, presentadas con "un diseño gráfico en negro y colorado, con letras góticas para que parezcan parte del conjunto de libros de Meyer cuyas tapas son en ese estilo". Efectivamente, la obra de Emily Brontë (que tantas penitas le costó parir) es el libro de cabecera de Bella y Edward, los jóvenes protagonistas de la historia de amor entre vampiros y licántropos, que también leen Romeo y Julieta, de William Shakespeare, por cuya razón la historia de amor más célebre de todos los tiempos se ha transformado a su vez en una lectura de culto para miles de adolescentes.

Pero para Cabanellas hay una iniciativa más interesante, en estos tiempos en que "adultos y jóvenes leen mucho más que nunca en Internet, aunque los libros de literatura no estén vistos como algo apreciable y los adultos los lean poco y nada". Se trata de Bookstar, inspiring a love of books in every child ( www.bookstart.org.uk ), una campaña de lectura que nació en Inglaterra y que tiene pares en muchos países del mundo, para estimular a leer prácticamente desde el nacimiento, aunque en Colombia se ha decidido comenzar incluso antes, durante el embarazo mismo. "Es muy interesante cómo se implementó en Inglaterra, porque no sólo el primer ministro Gordon Brown habla de las políticas para el libro con los editores, sino que hay un subsidio estatal para que se les den libros a los chicos mayores de 12 años gratuitamente. La idea es que la lectura es como una indicación médica; aquí, en la Argentina, lo maneja la Sociedad Argentina de Pediatría." Y en su experiencia al frente de la asociación de editores internacionales, hasta ahora los e-books, tan promocionados, no han rendido los resultados esperados, "salvo en Corea del Sur, con esas pantallas interactivas gigantes que ellos tienen, tan maravillosas".

Que el mundo entero está preocupado por el abandono de la lectura en jóvenes y adultos lo prueba una muy nueva campaña publicitaria destinada a promoverla, lanzada por la fundación canadiense Literacy Foundation, con aportes de una empresa de medios comprometida con el desarrollo infantil. "En Canadá hay niños que todavía no tienen un solo libro", comentó Gaëtan Namouric, vicepresidente ejecutivo y creativo de la agencia publicitaria que realizó la campaña. "Esta increíble injusticia debería movilizar un gran número de industrias en el campo de la cultura, publicaciones, medios e incluso nosotros, las agencias de publicidad. ¿Cómo será nuestro futuro si la gente no puede entender nuestros mensajes? Esta movilización detrás de la campaña es una forma de actuar para proteger la creatividad del mañana; todos en la industria deberían contribuir a ello."

Claro que la forma de encarar esta publicidad "estimulante" no parece la mejor. Como se trató de instalar de manera impactante entre los mayores la importancia que tiene la lectura en la imaginación, estimulación y recreación de experiencias, el video realizado muestra a un Peter Pan vetusto y agonizante; Pulgarcito utiliza un andador para caminar; Cenicienta padece anemia y los enanitos de Blancanieves se han convertido en seres sombríos y tristes. Al final, una voz suena de fondo y dice: "Si los niños no leemos, la imaginación desaparece". Muy parecido a la propaganda obligatoria en las marquillas de cigarrillos, que tan pocos resultados parece haber dado.

Iniciativas audaces

"Nadie habla del lector adulto como categoría universal, pero los pobres adolescentes están condenados a caer bajo la figura de un único lector adolescente, profundamente estereotipado. A muchos seguramente no les interesa lo más mínimo leer, a otros sí; pero no todos los que sí tienen interés leen lo mismo. Todavía hay quienes entran a la literatura por el lado de Salinger, de Cortázar o de Hermann Hesse, tradicionales lecturas adolescentes. Y otros eligen seguramente otros caminos. Creo que en literatura sólo importa hablar de cosas muy particulares: autores o libros, o modos de lectura, o momentos de lectura; pero que la edad, y los estereotipos que arrastra, es el modo más aburrido de hablar de la lectura."

Estos conceptos pertenecen a uno de los autores más reconocidos de la Argentina, tanto por su obra para adultos como por sus novelas y cuentos para un público juvenil como el que aquí nos ocupa. Pablo De Santis, que de él se trata, es una voz autorizada en este campo y, también, en el de la historieta. Por eso es bueno prestarle atención cuando dice que "en cuanto a los clásicos juveniles de otra época, era una literatura que buscaba continuamente su legitimación; así, por ejemplo, a fines del siglo XIX Julio Verne buscaba apoyarse en la ciencia para que se vieran bien sus historias; o la historieta, aun en su época de oro, a menudo se ocupaba de trasladar a la imagen obras literarias, para escapar de su lugar de lectura casi prohibida". Coincide con él Silveyra, cuando advierte que "en todo caso la relación del adulto que lee con la literatura no es siempre la misma: hay períodos de devorar libros, y por eso muchas veces al lector se lo tilda de egoísta, de apartarse de la realidad diaria, de no querer comprometerse".

Laura Giussani, a cargo de la selección de textos para la Colección Alandar de literatura juvenil de Edelvives, señala que "si no hay una familia lectora, o una biblioteca en casa o alguien que regale libros, es muy fácil que se pierdan chicos lectores. No hay ejemplos sociales que promuevan la lectura, casi diría que está en un lugar de desprestigio. Y entonces, si a los 10 años se pierde el vínculo y por 2 o 3 años se deja de leer, ya en el secundario toda lectura es dificultosa, para entender y para disfrutar".

Hay que buscar, sí o sí, salidas o alternativas novedosas. En el caso de Edelvives, por ejemplo, se trabaja mucho con literatura realista, es decir, aquella que presenta conflictos de los adolescentes, para que los sientan más cercanos a su mundo; también, con el libro-álbum, porque hasta a los adultos les interesa un libro con imágenes ("Editamos Cyrano de Bergerac, de Rostand, para chicos de más de 10 años, con imágenes conmovedoras, y anduvo muy bien").

Algo distinto encara la muy nueva editorial La Bestia Equilátera en su colección Jataka de cuentos budistas para lectores a partir de los 8 años. "En realidad -acepta Javiera Gutiérrez, su editora-, esa edad es el punto de partida, porque nuestra intención es que sea un libro para toda la vida. El toro amable, por ejemplo, que tiene como protagonista a Buda, quizá sólo termine de entenderse a una edad muy avanzada, pero siempre le está contando algo a su lector, cualquiera sea su edad."

Y Gutiérrez hace una acotación muy realista: "Un chico de 14 años no tiene dónde buscar en una librería. Para él, hay mesas de cómics, pero no de libros, y en los sectores para literatura infantil el acento está puesto más en la literatura para los chiquitos que para él".

En el caso de Arte a Babor, una muy joven editorial que crece bajo el ala protectora del programa Incuba del Centro Metropolitano de Diseño del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, su directora, la arquitecta y diseñadora gráfica Silvia Sirkis, busca aunar texto e imagen para "descubrir el arte desde chicos". Con bocas de expendio novedosas (las jugueterías didácticas), Silvia ha logrado despertar el entusiasmo de padres e hijos agradecidos, que le mandan mails con devoluciones acerca de sus textos que proponen misterios (El misterio de la bailarina, un robo en el Museo Nacional de Bellas Artes) o una biografía de un pintor famoso, desde su niñez (A Benito le gustan los barcos, sobre Quinquela Martín, con ilustraciones de Tomi Hadida). "En Buenos Aires hay un gran movimiento cultural y en arte, particularmente, hay una gran creatividad dirigida a los adultos, pero no hay arte para chicos y mucho menos libros para chicos, que además busquen despertar el interés para después ir a ver la obra. La mirada local es muy importante, y la forma elegida, el cuento, es la que mejor permite este acercamiento."

A favor y no en contra

En lo que concuerdan todos los entrevistados es en estar a favor de los chicos y no en contra (ver recuadro y columna de Ema Wolf). El mundo se ha vuelto un lugar bastante inesperado y engañoso como para darse el lujo de ser asertivo, a la vieja usanza del maestro con la regla lista para ser usada en los nudillos escolares. Y justamente porque todos aman los libros y la lectura, están seguros de que leer es una de las actividades más importantes de los seres humanos. Por supuesto que siempre se estará a merced de los vaivenes del mercado ("Se toma una veta y se la agota. Eso fue lo que pasó con Crepúsculo, se descubrió que el amor romántico sigue interesando a los adolescentes", señala Laura Giussani), pero ésa es otra historia, porque siempre hubo mercado, y hasta cuando salió Alicia en el país de las maravillas los comerciantes ingleses aprovecharon para vender muñequitas rubias, conejos blancos y sombrereros locos (y debe de haber habido también pins, pero se los llamaría de otra manera, seguramente). De manera que se trata de cerrar filas entre familias, escuela, editores, autores y libreros para rescatar, preservar y aumentar el tesoro más preciado: un buen lector.

Vale la pena terminar este texto con una última reflexión de Pablo De Santis. El autor de Lucas Lenz y el Museo del Universo, ante la siguiente pregunta periodística: "Que a los lectores juveniles les interese, aparentemente, sólo Harry Potter o los 4 tomazos de Stephenie Meyer ¿está indicando que sólo la literatura fantástica les da respuesta a sus inquietudes (marketing aparte)?", respondió así:

Desde El señor de los anillos hasta nuestra época, la fantasía ha dominado a lectores juveniles, Y creo que esto ha ocurrido sobre todo por la pérdida de fuerza de la ciencia ficción frente al avance de la tecnología, y porque la fantasía siempre encierra, secretamente, un poder de consolación (un héroe limitado logra superar sus taras gracias a la magia, o a alguna transformación prodigiosa). Algo muy parecido ocurrió con la historieta de superhéroes. Por otra parte, la fantasía vuelve a instalar la épica (abandonada por la novela del siglo XX) en el centro de la ficción. Así ha vuelto a hablar, con mayor o menor fortuna, del amor, la guerra, la muerte, la amistad. En el mundo de habla inglesa las sagas de fantasía abundaron en la década del 70 a partir de la reedición , en pleno furor hippie, de El señor de los anillos. Por último: cuando se habla del verdadero lector adulto, no se habla del que leyó una vez El código da Vinci o Coelho; sino que se trata de aquel que lee siempre, que busca en las librerías, que prueba y a veces se equivoca. Creo que debemos hablar también del lector adolescente no sólo como un consumidor de best sellers, sino como alguien capaz de buscar, de probar, de equivocarse. Porque la lectura, más que el acto en sí mismo de leer, es ese ansia que nunca se satisface del todo.

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1151760

lunes, 13 de julio de 2009

Escuela de Salto en Clarín

Encuentros entre los escritores y sus "pequeños- grandes" lectores

Educadores y editoriales organizan diálogos entre los autores y los chicos.

Por: Ana Prieto
Fuente: ESPECIAL PARA CLARIN

Lo que me gusta de los libros es que puedo imaginarme los lugares y los personajes como yo quiero", le dijo un nene de 10 años a la escritora Norma Huidobro, sintetizando la libertad fascinante que descubren los chicos que se acercan a la literatura. Para favorecer ese acercamiento, maestros, editoriales y programas educativos organizan encuentros entre autores y pequeños lectores. Y aunque la expectativa ante "la llegada del escritor" suele parecerse de escuela en escuela, ni éste ni los chicos pueden anticipar lo que va a pasar. Lo que sí es seguro es que el escritor perderá parte de su misterio: "A veces los chicos se sorprenden al encontrarse a una persona común y corriente. Algunos me dijeron que esperaban verme llegar en limusina y otros hasta preguntaron si cuando salía tenía camarógrafos esperando en la puerta de mi casa", cuenta Andrea Ferrari, autora de También las estatuas tienen miedo. "Hace poco, la directora de una escuela de capital estaba pasmada al verme", relata Franco Vaccarini. "Me dijo que esperaba a un escritor de barba, viejo y muy ceremonioso. Cuando me presentó a los chicos, les dijo: "¿Ustedes también esperaban a un señor de barba blanca?" Un nene le respondió: "No, profe, ¡si está la foto en el libro!". Con Silvia Schujer se armó una picaresca: "Un día fui a un séptimo grado en el que habían leído Oliverio juntapreguntas y cuando llegué la maestra dijo: 'Bueno chicos, aquí tienen a la autora de Oliverio, para que vean que los escritores son de carne y hueso'. '¡Más bien de hueso!', dijo un chico desde el fondo, tras comparar mi magra anatomía con la voluptuosidad de quien tiene un nombre tan parecido al mío: Silvia Süller".

Tras los saludos, vienen las preguntas. Una maestra de primer grado presentó a Carlos Sylveira como el autor nada menos que de treinta libros y una nena quiso saber, muy seria, si Sylveira los había leído todos. Al marplatense Mario Méndez lo recibió no un aula, sino una escuela completa de Salto, en la provincia de Buenos Aires. "Emocionadísimos con el micrófono, me preguntaron qué me había inspirado, si me gustaba escribir de chico, si pienso seguir escribiendo. De pronto a uno de primero se le ocurrió algo importantísimo: levantó la mano y preguntó con su sonrisa toda sin dientes: '¿Vos ya escribís en cursiva?' Y es que esa era su meta: pasar de la imprenta a la cursiva. Le dije que lo estaba intentando." A Schujer un nene le preguntó si se le cansaba la mano: "Por suerte me di cuenta que la preocupación del chico tenía que ver con que pensaba que el autor escribe, no un original, sino todos los libros, uno por uno", cuenta. "En este sentido –sigue la autora– otra pregunta preciosa fue: '¿Cómo hacés para que la letra te salga tan parejita?'".

Sorprendidos ante la falta de solemnidad del escritor Pablo Ramos, los chicos de la escuela Fishbach se le acercaron cuando terminó de leer el último capítulo de El sueño de los murciélagos. Uno de ellos, el más lector según la definición de sus compañeros, se le paró enfrente y le soltó: "Somos buenos pero ignorantes". Ramos lo abrazó y le regaló un ejemplar de su libro. El chico, en el último año de primaria, lo miró y le dijo: "Qué lástima, ya lo leí".

Comentarios y preguntas hay de todo tipo, "suele haber algunas que se repiten", cuenta Graciela Sverdlick, autora de El hombrecito de la valija: "¿Cómo se te ocurrió? ¿Vos hacés los dibujos? ¿Por qué tiene ese nombre el personaje?"

"Las preguntas se repiten –dice Luis María Pescetti– pero nunca son en vano. A los chicos les interesa ver que no hay magia en esto de inventar; quieren entender el mecanismo". El autor de la saga de Natacha suele llevarles la cocina de sus libros: "Siempre que uno pueda es muy lindo testear escritos inconclusos con ellos, no estilo focus group, sino de manera abierta y transparente. A veces se van al cuerno con sus propuestas, pero yo a lo que atiendo es a la intensidad emocional con que dicen las cosas".

Además, están los chicos que escriben y lo cuentan: "¿Querés que te muestre mi cuaderno de poesías?", le preguntó un nene de San Luis a Norma Huidobro. "Le dije que sí y corrió a buscarlo. Eran poemas de amor. Y los daba a leer con orgullo, sin el menor asomo de vergüenza. Quedé maravillada". Más que escribir, otros quieren que los escriban: Mientras Vaccarini firmaba libros, Facundo, de quinto, le ofreció un peso "para que no lo olvidara". Como no lo aceptó, insistió: "Entonces ponele mi nombre a un personaje". "En una de esas colas de firmas" recuerda Sverdlick, "los chicos se entusiasmaron tanto que después de que les firmé siguieron pidiendo firmas a la promotora de la editorial, a su maestra, a uno de séptimo, al portero y a toda persona que se les cruzaba. ¡Terminó en una cacería de autógrafos!"

"Los chicos no tienen problemas en decir qué les gusta y qué no", dice Ferrari. Y es que, a diferencia de los adultos, ante un escritor no se ponen ni solemnes ni pudorosos, ni pierden esa espontaneidad indispensable para disfrutar de la lectura.